El CBD: de “droga” a promesa terapéutica – Un vistazo detallado al cannabidiol

El CBD de droga a promesa terapéutica | Justbob

Desmitificando el CBD – ¿Es realmente una droga?

¿Alguna vez te has preguntado qué hay detrás del revuelo del CBD?

Seguramente has escuchado hablar de él, quizás lo has visto en tiendas, o incluso algún amigo te ha contado maravillas. Pero, ¿qué es exactamente el CBD? Y más importante aún, ¿es realmente una “droga” como algunos podrían pensar, dada su conexión con la planta de cannabis?

En este artículo de Justbob, vamos a sumergirnos en el fascinante mundo del cannabidiol, o CBD, para desentrañar la verdad detrás de este compuesto que está capturando la atención de científicos, legisladores y, por supuesto, de nosotros, los consumidores. Desmitificaremos juntos las ideas preconcebidas y descubriremos por qué el CBD se está perfilando como una promesa terapéutica más que como una sustancia peligrosa.

Pequeño vial de aceite de CBD | Justbob

¿Qué distingue al CBD de una droga? La ciencia detrás del cannabidiol

Para empezar a entender por qué el CBD y las “drogas” no son lo mismo, tenemos que meternos un poco en la ciencia, pero no te preocupes, ¡lo haremos de forma amena!

Imagina la planta de cannabis como una farmacia natural, repleta de compuestos químicos llamados cannabinoides. De todos ellos, dos destacan por encima del resto: el tetrahidrocannabinol, más conocido como THC, y el cannabidiol, nuestro protagonista, el CBD. El THC es el “alma de la fiesta” psicoactiva del cannabis, el responsable de esa sensación de euforia o alteración de la percepción que muchos asocian con la marihuana. Pero aquí viene el giro interesante: el CBD es el hermano tranquilo y estudioso del THC. Aunque ambos provienen de la misma planta, actúan de maneras radicalmente diferentes en nuestro cuerpo.

La clave de esta diferencia está en cómo interactúan con nuestro sistema endocannabinoide, una red compleja de receptores y sustancias químicas que regulan un montón de funciones importantes, desde el estado de ánimo y el sueño hasta el dolor y la respuesta inmunitaria.

El THC, como un llave traviesa, se une directamente a los receptores CB1 en el cerebro, desencadenando una cascada de efectos psicoactivos. Es como si enchufara un amplificador a todo volumen en tu sistema nervioso central.

En cambio, el CBD es mucho más sutil. No se une directamente a estos receptores de la misma manera. En lugar de eso, actúa como un modulador, como un director de orquesta que afina los instrumentos para que todo suene en armonía. Influye en los receptores CB1 y CB2, pero de una forma más indirecta y elegante, sin generar ese “subidón” característico del THC.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS), una autoridad que sabe un par de cosas sobre salud, ha declarado explícitamente que el CBD no parece tener potencial de abuso ni causar daño. En un informe de 2018, la OMS dejó claro que el CBD puro no induce efectos eufóricos ni genera dependencia, ni física ni psicológica.

Esto es un punto crucial, porque las drogas, en el sentido tradicional del término, a menudo se definen precisamente por su potencial adictivo y sus efectos alteradores de la conciencia.

El CBD, por el contrario, se presenta como un compuesto que, si bien interactúa con nuestro cuerpo, lo hace de una manera que no encaja con el perfil de una droga. Es más bien como una vitamina o un suplemento que ayuda a nuestro organismo a funcionar mejor, pero sin los efectos secundarios indeseados y el riesgo de adicción asociados a las sustancias controladas. Así que, la próxima vez que escuches a alguien hablar del CBD como si fuera una droga, recuerda: la ciencia nos dice que es mucho más complejo y, sobre todo, mucho más prometedor de lo que parece a simple vista. Y desde luego, muy diferente a lo que entendemos por “droga”.

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Organismos internacionales al rescate: la ONU y la UE definen el estatus del CBD

Si la ciencia ya nos está dando pistas claras sobre la naturaleza no “droga” del CBD, las decisiones de organismos internacionales como la ONU y la UE han terminado de consolidar esta visión a nivel global.

Empecemos por la ONU, esa organización mundial que se encarga de coordinar un montón de cosas importantes, entre ellas, las políticas sobre drogas. En diciembre de 2020, la Comisión de Estupefacientes de la ONU, un organismo clave en este tema, tomó una decisión histórica: votó a favor de sacar el cannabis y sus derivados, ¡incluido el CBD!, de la Lista IV de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961.

¿Y qué significa esto en cristiano? Pues que la ONU reconoció que el CBD no debería estar en la misma categoría que las sustancias más peligrosas y sin valor médico reconocido. Antes, el cannabis estaba en esa lista “negra”, junto con drogas duras y peligrosas. Pero gracias a esta decisión, el CBD fue “liberado” de esa asociación negativa.

Fue como si la ONU dijera: “¡Oye, esperad un momento! El CBD no es lo mismo que la heroína o la cocaína. Tiene potencial terapéutico y no es tan peligroso como pensábamos”.

Este voto de la ONU fue un espaldarazo enorme para el CBD a nivel mundial. Mandó un mensaje claro a todos los países: es hora de reconsiderar la regulación del CBD y empezar a verlo con otros ojos. Pero la cosa no se quedó ahí.

La Unión Europea, nuestra propia “casa común” europea, también dio un paso importantísimo. En noviembre de 2020, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), la máxima autoridad judicial de la UE, dictaminó que el CBD derivado del cáñamo industrial (esa variedad de cannabis con muy poco THC) no debe ser considerado un estupefaciente.

¡Boom! Otro golpe en la mesa a favor del CBD. El TJUE fue aún más allá y dijo que las normas de la UE sobre libre circulación de mercancías se aplican al CBD, lo que significa que no se puede prohibir la venta de CBD legalmente producido en otro país miembro de la UE.

Esta sentencia fue un terremoto en el mercado europeo del CBD. Acabó con muchas dudas legales y abrió la puerta a la comercialización del CBD en toda la Unión Europea.

Entre la decisión de la ONU y la sentencia del TJUE, el CBD recibió un doble impulso internacional que cambió las reglas del juego. Estos organismos no solo reconocieron su valor terapéutico, sino que también sentaron las bases para una regulación más sensata y equilibrada. Gracias a ellos, el CBD dejó de ser visto como una sustancia sospechosa y empezó a ser considerado como lo que realmente es: un compuesto con potencial para mejorar nuestra salud y bienestar. Y todo esto, con el respaldo de las instituciones más importantes a nivel mundial.

Edificio de la Unión Europea con diferentes banderas | Justbob

Un mosaico regulatorio: el desafío de las leyes nacionales sobre el CBD

Aunque la ONU y la UE hayan dado un empujón importante al reconocimiento del CBD, no podemos pensar que todo es un camino de rosas. La realidad es que, a pesar de este consenso internacional creciente, la regulación del CBD sigue siendo un auténtico mosaico a nivel mundial.

Cada país, e incluso a veces cada región dentro de un país, tiene sus propias normas y leyes, lo que puede generar bastante confusión y hasta algún que otro quebradero de cabeza.

Para que te hagas una idea, en Estados Unidos, a nivel federal, el CBD derivado del cáñamo es legal desde 2018, siempre y cuando contenga menos del 0,3% de THC. ¡Ojo al dato del THC!

Ese pequeño porcentaje es la línea divisoria entre el CBD legal y el que no lo es. Pero, como siempre en Estados Unidos, la cosa se complica a nivel estatal. Algunos estados son más permisivos que otros, y las leyes pueden variar mucho de un lugar a otro. En algunos estados, el CBD es prácticamente libre, mientras que en otros hay más restricciones sobre su producción, venta y consumo. Es como un puzzle gigante donde cada pieza encaja de forma diferente.

Si cruzamos el charco y volvemos a Europa, la situación no es mucho más sencilla.

En países como Alemania y el Reino Unido, el CBD es legal y se vende en tiendas, farmacias e incluso online, siempre que cumpla con ciertos estándares de calidad y pureza. Estos países han adoptado un enfoque más pragmático y han permitido que el mercado del CBD se desarrolle, eso sí, bajo control y con ciertas reglas claras.

Pero luego tenemos casos como el de Italia, que nos demuestran que la regulación del CBD sigue siendo un tema caliente y en constante evolución. En junio de 2024, el Ministerio de Salud italiano emitió un decreto que clasifica las composiciones de CBD para uso oral como sustancias estupefacientes.

Esta decisión italiana ha generado un buen revuelo, como era de esperar. Muchos expertos y asociaciones del sector han criticado duramente esta medida, argumentando que contradice la jurisprudencia de la UE y que va en contra del espíritu de la sentencia del TJUE que vimos antes. Además, temen que esta restricción limite el acceso de los consumidores a productos de CBD seguros y de calidad, y que fomente el mercado negro.

El caso italiano es un ejemplo perfecto de cómo, a pesar de los avances a nivel internacional, la regulación del CBD sigue siendo un campo de batalla legal y político. Nos muestra que todavía hay mucho camino por recorrer para lograr una armonización global y que las decisiones nacionales pueden dar sorpresas, a veces no muy agradables.

Así que, si estás pensando en comprar o usar productos de CBD, lo primero que tienes que hacer es informarte bien sobre la legislación vigente en tu país o lugar de residencia. No te confíes solo de lo que veas en internet o de lo que te cuente un amigo.

Las leyes cambian, y lo que es legal en un sitio, puede no serlo en otro. Y recuerda, esta variabilidad regulatoria es precisamente uno de los mayores desafíos para el futuro del CBD. Lograr un marco legal coherente y armonizado a nivel mundial es fundamental para que este compuesto pueda desarrollar todo su potencial terapéutico y para que los consumidores puedan acceder a él de forma segura y legal, sin importar dónde se encuentren.

A este respecto, le recordamos que en España, la compra de CBD está permitida para fines de coleccionismo u otros usos que no impliquen el consumo humano.

Mitos vs. realidades: desmontando creencias erróneas sobre el CBD

A pesar de todo lo que hemos hablado hasta ahora, todavía existen muchos mitos y malentendidos sobre el CBD. Es normal, teniendo en cuenta la historia de estigmatización del cannabis y la rapidez con la que ha crecido el mercado del CBD. Pero es importante separar el grano de la paja y desmontar esas creencias erróneas que pueden generar confusión y desconfianza.

Uno de los mitos más extendidos, y quizás el más peligroso, es la idea de que el CBD “coloca” o que tiene efectos psicoactivos similares al THC. ¡Falso de toda falsedad! Como ya hemos explicado, el CBD y el THC son compuestos muy diferentes, con efectos muy distintos en nuestro cerebro. El CBD no interactúa con los receptores CB1 de la misma manera que el THC, y por lo tanto, no produce esa sensación de euforia, alteración de la percepción o “subidón” que asociamos con la marihuana. De hecho, el CBD se considera un compuesto no psicoactivo, y la OMS lo ha confirmado: no altera la conciencia ni genera dependencia. Así que, si te preocupa “colocarte” con el CBD, ¡puedes estar tranquilo! No te va a pasar.

Otro mito muy común es que “todo el CBD es igual”.

¡Error! La calidad y la composición de los productos de CBD pueden variar enormemente. Depende de muchos factores: la variedad de cannabis utilizada, el método de extracción, los procesos de purificación, los ingredientes añadidos… No es lo mismo un aceite de CBD producido a partir de plantas de alta calidad que uno producido deficientemente. Tampoco es lo mismo un producto elaborado con cáñamo de cultivo ecológico y con controles de calidad rigurosos, que uno producido de forma barata y sin garantías.

Por eso, es fundamental no caer en la trampa de pensar que “CBD es CBD” y ya está. Hay que ser exigentes y buscar productos de calidad, de marcas confiables y transparentes.

Es la mejor manera de asegurarte de que estás comprando algo seguro, eficaz y que realmente contiene lo que dice la etiqueta.

Otro mito menos extendido, pero también importante de desmontar, es la idea de que el CBD es una “panacea” que cura todas las enfermedades.

¡Ojalá fuera así! Pero la realidad es que, aunque el CBD tiene un gran potencial terapéutico y se están investigando sus beneficios para muchas condiciones de salud, no es una cura milagrosa para todo.

La ciencia está avanzando rápidamente, y cada vez hay más estudios que respaldan el uso del CBD para ciertas dolencias, como la ansiedad, el dolor crónico o los trastornos del sueño. Pero todavía queda mucho por investigar y por entender. No todos los productos de CBD son iguales, no todas las personas responden igual al CBD, y no todos los problemas de salud se solucionan con CBD.

Así que, sé realista y no te creas todo lo que leas o escuches por ahí. Infórmate bien, consulta con profesionales de la salud y utiliza el CBD de forma responsable y con expectativas razonables. En resumen, el CBD no es una droga psicoactiva, no todo el CBD es igual, y no es una cura mágica para todo.

Desmontando estos mitos, podemos tener una visión más clara y realista del CBD, y aprovechar sus beneficios de forma segura y consciente. ¿No te parece mucho más sensato?

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El CBD, un compuesto terapéutico con un futuro brillante

Llegamos al final de nuestro viaje por el mundo del CBD, y esperamos que ahora tengas una visión mucho más clara y completa sobre este compuesto tan fascinante. Hemos visto que el CBD no es una droga en el sentido tradicional de la palabra. Su falta de efectos psicoactivos, su bajo potencial de abuso y su creciente reconocimiento como tratamiento médico lo distinguen claramente de las sustancias controladas. Organismos internacionales de la talla de la OMS, la ONU y la UE han reconocido estas características, lo que ha marcado un cambio significativo en su percepción y regulación a nivel mundial.

Si bien es cierto que la regulación del CBD todavía presenta desafíos y variaciones a nivel nacional, la tendencia general es hacia una mayor aceptación y una regulación más sensata y equilibrada.

Su capacidad para mejorar la calidad de vida de las personas, combinada con un enfoque regulatorio responsable y una investigación científica continua, podría consolidarlo como una herramienta valiosa en la medicina moderna y el bienestar general. Pero para que esto sea posible, es esencial seguir educando al público, promoviendo investigaciones de alta calidad y estableciendo estándares claros que garanticen su uso seguro y eficaz.

Así que, la próxima vez que escuches hablar del CBD, recuerda: no es una “droga”, sino un compuesto terapéutico con un futuro brillante y mucho potencial por descubrir.

El CBD: de “droga” a promesa terapéutica: Takeaways

  • El CBD, a menudo confundido con una droga debido a su origen en la planta de cannabis, se distingue fundamentalmente por su naturaleza no psicoactiva. A diferencia del THC, el componente psicoactivo del cannabis, el CBD no altera la percepción ni induce euforia, siendo reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una sustancia sin potencial de abuso y con prometedoras aplicaciones terapéuticas. Esta diferenciación es crucial para comprender su estatus legal y su creciente aceptación en el ámbito de la salud.
  • Organismos internacionales de gran relevancia como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE) han jugado un papel decisivo en la reclasificación del CBD, reconociendo formalmente su valor terapéutico y separándolo de las sustancias estupefacientes peligrosas. La ONU, en particular, retiró el CBD de la lista de sustancias controladas, mientras que la UE ha establecido jurisprudencia que permite su comercialización regulada. Estas decisiones a nivel global han allanado el camino para una mayor investigación y un mercado legal de CBD, marcando un punto de inflexión en su percepción mundial.
  • A pesar del impulso internacional, la regulación del CBD presenta un panorama fragmentado a nivel nacional, con variaciones significativas entre países. Desde la permisividad en algunos estados de EE.UU. y naciones europeas, hasta restricciones más severas como las observadas recientemente en Italia, la legalidad del CBD sigue siendo un tema complejo y en evolución.

El CBD: de “droga” a promesa terapéutica: FAQ

¿El CBD es una droga psicoactiva?

No, el CBD no es una droga psicoactiva. A diferencia del THC, el CBD no genera efectos eufóricos ni altera la percepción. Según la OMS, el CBD no tiene potencial de abuso ni causa dependencia.

¿El CBD es legal en todo el mundo?

La legalidad del CBD varía según el país. Aunque organismos como la ONU y la UE han reconocido su valor terapéutico, algunos países imponen restricciones, como Italia, que clasifica ciertas composiciones de CBD como sustancias estupefacientes.

¿El CBD puede considerarse una cura para todas las enfermedades?

No, el CBD no es una cura universal. Aunque muestra potencial terapéutico para condiciones como la ansiedad y el dolor crónico, aún se requieren más estudios para comprender completamente sus beneficios y limitaciones.